5 / 06 / 2017

Marcha atrás en la DC o el instinto de sobrevivencia


Germán Silva Cuadra, Director del Centro de Estudios y Análisis de la Comunicación Estratégica (CEACE), Universidad Mayor

Columna publicada por El Mostrador el 5 de junio de 2017.

Coincidamos en que el punto de partida de la DC, el 8 de enero, fue bueno. La elección de Carolina Goic como presidenta de la colectividad –antesala a su proclamación de marzo– trajo un aire de tranquilidad a las filas de un partido que llevaba bastante tiempo quejándose de maltrato por parte del Gobierno y sus socios de la Nueva Mayoría. Ese día, los democratacristianos pudieron dormir tranquilos. Una luz de esperanza se vislumbraba en el horizonte.

Casi cuatro meses después, vendría ese acto de rebeldía, esa especie de rito de sanación que terminó con la definición del camino propio. La verdad es que no fue una decisión política. Más bien correspondió a una catarsis, un grito de desahogo. El éxtasis no les permitió reflexionar a fondo lo que significaba eso de que era mejor ser “cabeza de ratón que cola de león". Fue como un momento de delirio colectivo. Incluso, los más eufóricos, llegaron a afirmar que para nacer de nuevo había que morir. El problema es que esa asamblea era, ni más ni menos, que la junta nacional de un partido y no la ceremonia de una pequeña secta religiosa en busca de identidad. ¿Qué datos objetivos permitían en ese momento justificar ese salto al vacío? Ninguno.

Pero, con el pasar de las semanas, y a medida que se iban conociendo los resultados de las distintas encuestas que circulan al país, los datos fueron confirmando un temor que circulaba al interior de la falange: Carolina Goic se quedó pegada en el punto de partida. Lo dramático para los militantes DC es que no existe ninguna señal que permita pensar que esto se pueda revertir.

Pasada la euforia y poniendo los pies en la tierra –de seguro– nadie en este importante partido está dispuesto a ser responsable de sufrir una catástrofe, ni siquiera los impulsores de la idea del camino propio, como Mariana Aylwin o Gutenberg Martínez. De ahí que se entienda este frenazo de las últimas semanas y el giro que está tomando el partido. Lo curioso, es que esta nueva rebelión es encabezada de los mismos que antes apoyaron con fuerza la ruptura con los socios.

Las señales de esta marcha atrás son evidentes. Primero fue el acercamiento de la Democracia Cristiana al llamado “eje progresista” para evaluar la opción de una lista única para enfrentar la elección de gobernadores regionales. El encuentro entre los presidentes de partidos tuvo una puesta en escena bastante “retro”. Luego de semanas de duras declaraciones entre Guillier y Goic, de ausencia de encuentros y de un tono muy poco amistoso, volvieron las sonrisas y los apretones de mano entre los dirigentes. Como en los viejos tiempos. Ni un recuerdo del “maltrato” vivido a manos de los otros partidos. ¿La razón? Matías Walker lo explicó con el pragmatismo más puro: “La propia ley nos obliga a ponernos de acuerdo... para ser electo gobernador tiene que tener un 40% de apoyo”. Cosas de la política.

Pero la sorpresa mayor vendría unos días después. La Presidenta Bachelet –aprovechando un repunte en las encuestas, que le ha devuelto el alma al cuerpo y la convenció de que debía cumplir un rol de mayor conducción política de la coalición– hizo un llamado a la DC para lograr un acuerdo parlamentario con los demás partidos de la Nueva Mayoría. Y la respuesta de la falange fue casi inmediata. La directiva del partido emitió una declaración en que no solo aceptaba el desafió sino que también reconocía el liderazgo de la Mandataria. Como en los viejos tiempos de la Concertación.

Todavía no está que claro que el conglomerado oficialista vaya a conformar una lista común para enfrentar la elección del Congreso y de los ex intendentes, pero todo parece indicar que va bien encaminado. La interrogante que surge es qué va a ocurrir con la carrera presidencial. Los resultados de las encuestas Adimark y CEP dejaron al mundo democratacristiano en shock y con el ánimo por los suelos. Alguien los tenía convencidos de que serían muy distintos. La propia Carolina Goic se adelantó y descartó la opción de bajar su candidatura, pero esta vez nadie salió a reforzar sus palabras. Curioso.

Pero lo cierto es que el escenario actual es muy distinto al de hace un mes. La opción de un triunfo categórico de la derecha era prácticamente una certeza. No solo se daba por hecho que Piñera sería Presidente sino que también se pronosticaba una paliza en el Parlamento. El estado de ánimo en Chile Vamos no podía estar mejor. Y en la vereda de enfrente, se respiraba la derrota total. Lagos se acababa de retirar de la competencia y la Nueva Mayoría se había puesto una lápida al no llegar a ningún tipo de acuerdo electoral. Para rematar, Beatriz Sánchez irrumpía con un aire fresco.

Hoy, paradójicamente, en el oficialismo ha vuelto a resurgir una esperanza. Una lista única parlamentaria no solo le permitiría evitar una debacle electoral sino que además le facilitaría construir un relato que haga sostenible el apoyo DC a Guillier, en caso de que sea él quien pase a segunda vuelta. Por su parte, en Chile Vamos se ha complicado la posibilidad de llevar una lista común. Algunos de sus dirigentes han intentado desdramatizar este escenario, sin embargo, saben que sería un golpe para las aspiraciones del sector. A eso sumamos que, si bien Sebastian Piñera sigue teniendo la primera opción –los resultados de las últimas encuestas confirman la tendencia–, no obstante, los datos no son concluyentes. Pese a que alrededor del 50% de las personas cree que el ex Mandatario reemplazará –por segunda vez– a Bachelet, quienes declaran que votarán por él apenas alcanzan al 24%, lo que sumado al 42% que señala que aún no lo define, representa una cifra baja si consideramos que restan poco más de cinco meses para la elección. Un escenario abierto en que podemos encontrarnos con sorpresas del estilo de lo ocurrido recientemente en Francia.

En definitiva, todo parece indicar que la falange intentará hacer un giro definitivo. Ya se dieron el gustito. Hoy es hora de la política, del pragmatismo, del cálculo electoral. Saben que la única forma de sobrevivir es estando cerca del poder. Sin parlamentarios y fuera del Gobierno, las opciones de renacer como el ave fénix son nulas. Aunque para eso tengan que soportar al PC nuevamente y decir después que nunca nadie les mostró el programa de Gobierno.