8 / 02 / 2017

El día que los candidatos huyeron del fuego


Germán Silva Cuadra, Director del Centro de Estudios y Análisis de la Comunicación Estratégica (CEACE), Universidad Mayor

Columna publicada por El Mostrador, el 8 de febrero de 2017

La verdad es que una parte de este país quedó en cenizas. Literal y simbólicamente. Los incendios provocaron una fuerte sicosis colectiva, despertando temores, fantasmas y, por supuesto, importantes conductas de solidaridad, cariño y preocupación ciudadana por los afectados. Es más, durante dos semanas completas, los medios de comunicación –en particular la TV– dedicaron prácticamente todos sus espacios a cubrir la tragedia. De la noche a la mañana, desapareció la crónica y noticias políticas de la agenda cotidiana. Pero, claro, también desaparecieron de escena los actores políticos. ¿Dónde se metieron todos?

Parece ser que, este verano, parlamentarios y dirigentes de todos los sectores abandonaron antes Santiago e iniciaron sus vacaciones con dos semanas de anticipación. Huyeron de las llamas. Con la excepción de los primeros días, en que hubo un fuego cruzado –perdón por el uso de este concepto– entre oficialistas y opositores.

Los primeros, acusando de “aprovechamiento político” a los segundos; y los otros, de ineficiente al Gobierno. Guerra de tuits y declaraciones subidas de tono. Acusaciones mutuas, asociaciones con el 27F, comparaciones con lo que se hizo antes, críticas por el proyecto A o B que fue rechazado en su momento por los antagonistas. Pero pocas ideas de cómo enfrentar la tragedia. Escasos desplazamientos a terreno. Discursos y palabras duras. Poca empatía.

Pero lo más llamativo fue la ausencia de prácticamente todos los candidatos presidenciales en estas semanas. Se hicieron humo. Luego de unos días de frenesí en el uso de redes sociales de Sebastián Piñera –¿tendrá ahora como referente a Donald Trump? –, atacando a La Moneda, y las ácidas respuestas de Ricardo Lagos, la verdad es que quienes se enfrentarán en noviembre por el sillón presidencial brillaron por su ausencia y silencio. Esto, paradójicamente, en el momento en que tenían la oportunidad de estar con la gente, de plantear ideas concretas, sugerir ayuda, de sumarse a un desafío país.

Aunque hubo varios parlamentarios participando en sus regiones –la prensa mencionó  a Carolina Goic– , al revisar las apariciones públicas de estos días nos encontramos con uno que otro disparando dardos venenosos, pero nada más. Tal vez lo más curioso, un senador de la UDI que intentó capitalizar la idea de donar los $7.000 –con que CMPC nos pretende compensar por parejo a los chilenos luego de abusar con la colusión–, pero que desistió de su iniciativa al darse cuenta que eran los propios ciudadanos los que, de manera masiva y espontánea, estaban haciendo una inédita campaña a través de las redes sociales.

Una vez que el fuego comenzó a extinguirse, lentamente fueron reapareciendo los parlamentarios y candidatos presidenciales. Pero no hay que ilusionarse mucho. Será un paso corto antes de iniciar sus vacaciones de febrero –suelen durar un mes completo– y, de seguro, abundarán las conferencias de prensa, críticas, las propuestas legislativas más insólitas, y dos o tres proyectos que generarán debate por unos días.

Sin ir más lejos, Guillier se adelantó y presentó un documento de 8 propuestas para abordar el tema. Pero en marzo volveremos a la discusión de siempre y terminaremos en una guerra respecto de los fondos adicionales para enfrentar catástrofes o la reestructuración que necesitan Conaf y Onemi. Seguramente, el próximo año, en esta misma fecha, estos proyectos aún estarán en tramitación en el Congreso.

Pero lo de fondo será saber si, en año de elecciones, quienes esperan gobernar a este país son capaces de tomar posiciones e incorporar en sus programas medidas concretas para enfrentar una realidad que creíamos ajena a Chile, como el calentamiento global, efecto invernadero y el manejo sustentable del entorno, partiendo por nuestros bosques. Este incendio dantesco se suma a los dramas que se han vivido en los cerros de Valparaíso. Son señales, alertas, que tenemos que asumir como nación.

Ojalá nuestra clase política esté a la altura. Si eso no ocurre, los ciudadanos estaremos atentos y vigilantes para exigirles propuestas, pero también conductas propias en momentos como el que vivimos durante quince largos días.

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